lunes, 22 de septiembre de 2014

Cuatro es a uno

Al tensar los músculos y dar rienda suelta al sentir; vos sólo te entregás al escalofrío que baja por la médula, ése que le sigue a la vibración incontrolable del cuerpo, producto del calor y la presión que te envuelven, que te aíslan en esa atmósfera imaginaria, la que tú inventás para los dos, la que moldeas al ritmo del eco de voces entre corcheas, acordes perdidos de alguna canción.. 
Y sin más, de repente, cruza la melodía ese grito, como trueno fugaz, se va, gemido a gemido, mientras tus dedos invaden mi espacio, y tus ojos se quedan clavados, con las pupilas atentas al vaivén de tus manos, y esos labios que se tuercen, se quiebran y sonríen cuando los encuentro vagar entre tus sábanas, donde nos perdemos entre el compás del tiempo que pasa sin piedad. 
No es el segundo, el minuto ni mucho menos la hora.. es el infinito que nos abraza y nos cega la percepción, nos mantiene con la mirada perdida y las manos entrelazadas bajo la almohada. 
Siempre 
(así de extremista)

Camila

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