domingo, 16 de marzo de 2014

Historia de vagones 9

Detalle(s)

Yo iba apoyada en la antepuerta del metro mirando al vacío con care cansá, así como día Lunes pero era día Jueves. Frente a mi un señor aaaalto vestido en tonos oscuros y
lentes redondos sobre el tabique de la nariz, también, miraba al vacío con care nada. Llevaba dos bolsas de plástico, una blanca sólo blanca y la otra con un dibujo verde. Tomó la blanca sólo blanca y la abrió. De ella sacó algo envuelto en papel kraft; un intento de pelota deformada que tomó con la mano. Mirándola, atento, le daba vueltas como buscando algo en ella.

Mientras yo lo miraba a él, y a su juego ya mencionado, el tren empezaba a frenar. Se abrieron las puertas en la estación y el lolito que iba junto a mi apoyado en la antepuerta del metro se bajó, lo que dio paso al señor aaaalto a apoyarse junto a mi.
Retomó nuevamente el jueguito con la pelota deformada pero esta vez la comenzó a abrir. Con cuidado, se veía nacer de aquella pelota un buho de madera que tomó con aún más precisión en su mano, lo miraba, más atento, y como antes, gira que gira el buho sobre la mano. Lo miraba con tal detención.. como si quisiera captar cada detalle de la figurita artesanal, los ojos grandes, las alas a los costados y por debajo, sellado con cautín, un orgulloso Chile cruzando la madera.
Me pareció muy tierno el gesto del hombre aaaalto y me imaginé un gigante conociendo por primera vez algún animalito diminuto, como un buho.
Miré hacia el cristal de la puerta para ver en que estación íbamos y me encontré con un señor canoso frente a mi que miraba al vacío con cara de cansado. Sujetaba la mochila que llevaba en el suelo entre las piernas y con la mano tomaba una chaqueta oscura, apoyada sobre la mochila. Al llegar a Tobalaba me tocaba bajar, el hombre aaaalto ya había guardado el animalito, formando con él nuevamente la pelota deformada. El señor canoso frente a mi también bajaba, por lo que se agachó para recoger la mochila y la chaqueta. Para mi sorpresa pude divisar entre su maraña de pelos blancos una ínfima hoja verde, me causó gracia porque él no se había dado cuenta que llevaba aquel intruso entre su blancura, desentonaba totalmente entre la nieve canosa que le cruzaba la cabeza. Me reí, si, pero por dentro, así aguantando soltar la risa nerviosa. Él me miró y espero no se haya sentido ofendido, y quizás el señor aaaalto también me miró, ya Camila.. sabes bien que toda su atención era captada por aquel animalito.


Camila