sábado, 27 de julio de 2013



+ Ya po.. te reto entonces
- ¿A qué?..
+ Rómpeme el corazón
- Camila no hablís hueás
+ Ya po.. rómpeme el corazón..
- No quiero, Camila, no quiero romperte el corazón.
+ ...

(No me quiero preguntar por qué me acordé de eso, pero apareció ahí.. de la nada)
 
I'm a bad boy 'cause I don't even miss her
I'm a bad boy for breaking her heart..

domingo, 21 de julio de 2013


ashí shuer como que me voy a morir y eshas coshas ashí.. pero no pude evitar publicarlo.
Escucharla en el auto (con mi papá cantándola, emocionado..) No, no pude evitar-lo (ni tampoco acordarme de ti, si de ti, tthú)
Pd: me siento la más patética, la más PATÉTICA, escribiendo y SINTIENDO tanto, me carga cuando las hueás no son recíprocas (puta que me gusta esa palabra hueón oh..) y puta.. así estamos, dando lata SI CAMILA ESTAY DANDO LATA
[Nadie habló de enamorarnos pero (la vida) así lo quizo]


aterrizar en el suelo.. (la derecha está peor, pero por cosas de pulso.. la foto no existe). Oh Camila, sos un genio..

Pd: meduelemeduelemeduele >:c

miércoles, 10 de julio de 2013

Ser pequeño y otras ventajas

Un duendecito se preguntó el por qué de su estatura, así que corrió bajo el árbol más cercano que encontró y ocupó un lugarcito bajo su copa. Apoyando la espalda contra el tronco cerró los ojos fuertemente y se puso a pensar (y si encontraba más de uno, mejor).
Lo primero que se le vino a la cabeza fue el hecho de siempre tener que mirar para arriba. Claro. Era tan pequeño que todo estaba por sobre él, y eso le gustaba, pues cada vez que lo hacía se encontraba con el sol, el cielo y algún pájaro travieso cruzando su estática. El duendecito al pensarlo sonrió, para luego volver a cerrar los párpados y pensar con mayor detención.
Así se acordó de sus pies, más bien, de lo cerca que estaba del suelo. Claro. Era tan pequeño que nunca olvidaba donde tenía puestas sus raíces, aunque su mirada se perdiera en las estrellas lejanas nunca se olvidaba del tacto de la tierra entre sus dedos. El duendecito formó una "o" con su boca, sorprendido de tener tanta razón.

Además, se acordó el duendecito, tengo el don de la sorpresa, siempre hay algo que supera mi talla. No pienso en el límite de las cosas, siempre habrá algo más lejos, más arriba, más allá de mis narices.
El duendecito volvió a sonreír y encontró una razón muchísimo mayor. Nuestro duendecito era pequeño como ninguno, el más chiquitito de su aldea, él gustaba de abrazar a sus amigos, que le ganaban por una cabeza o dos de altura. Disfrutaba, como nada, abrazar a sus amigos, pues quedaba justo a la altura del esternón (y eso.. ¿dónde queda?, te preguntarás tú) justo por delante del corazón. Exactamente. El duendecito era así de pequeñito porque gustaba de abrazar el corazón, sentirlo bajo el tímpano, tan cerquita, golpeteando contra sus mejillas.


Camila

martes, 9 de julio de 2013