miércoles, 16 de enero de 2013

bajo el párpado


Voy a morderme las uñas por un rato, para controlar el estrés que causa en mi tu distancia, tu lejos, tu no estar aquí conmigo (para mi).
Mientras una pierna tiembla sobre la otra en un gesto nervioso, mis párpados hacen lo suyo frenéticamente, dejando de lado la rutina del parpadeo femenino, lento y apaciguado.
Será que la cafeína atrofia mis estímulos y poco a poco pierdo la cordura que tanto orgullo me da, y luego de que eso ocurra, ¿qué quedará de mi?, la parte oscura, de grafito, el bosquejo del personaje que tanto he modificado con el paso de los años y que te tiene a ti embobado, un poco elevado y fuera de sus casillas.
Y es que no me sorprendería que fuera sólo por mis caprichos que estuvieras en estos momentos con la mirada perdida en algún aromo, pensando en cuanto disfruto los paisajes de carretera, y cuantas veces te lo he mencionado (para llegar a integrarlo en tu materia gris), creando la respuesta inmediata ante el árbol, mi voz chillona y mis ojos almendrados, cumpliendo así, una vez más, otro de mis tantos, sin límites ni medidas, caprichos alados.
Extraño tus manos sobre la mesa y tu sonrisa destellando, colándose por mis pupilas como el sol entrando por la cortina, un tanto entrometidos, pero con las mismas intenciones de calentar el espacio, dando paso a tu mirada, fija en mis comisuras, buscando algo más allá, algo como el escalofrío dorsal que produce y termina por hacer vibrar mis entrañas, apresurar el proceso sístole-diástole. Y empieza el monólogo interno y mis dientes presionando el labio inferior, intentando seguir tu juego de elevadas temperaturas, haciendo algo por sobre las servilletas y el mantel que combina con tu piel. Pero mira si te has adentrado, tan hondo, tan profundo, me vuelve el colorcito a las mejillas, tus besos incesantes entre las costillas..
Espera, te pierdo, ¿por qué se oscurece la escena?.
Eran las 2 de la tarde, seguía sentada ahí mismo, con los puños apretados y los ojos entreabiertos, buscando el por qué te esfumaste así no más.. y es que la imaginación dura (en ambos sentidos de la palabra), siempre menos de lo que debería durar. 
El café frío descansaba en la taza, vamos que se hace tarde, me daba a entender, no hay tiempo que perder.

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