martes, 4 de octubre de 2011

Me acordé cuando acompañé a mi mamá a comprar plantas y semillas, para su jardín, y había en la tienda pájaros y peces, cada cual en su propia cápsula. Los pájaros sobre un pedazo de madera atrapados en una jaula, y por otro lado los peces entre algas sintéticas flotando en una pecera, me dio un poco de pena. Las aletas están hechas para nadar más que los 30 centímetros de largo de aquella pecera, al igual que las alas están para cruzar el cielo completo, no para tenerlas cerradas durante todo el día.
Pude verlos, volando y nadando libres, más allá de sus fronteras. Sonreí.
Luego no resistí mirarlos más en esas condiciones y decidí marcharme, mirando hacia tras con una leve expresión de tristeza.
Qué será de ellos, ojalá que escapen y vuelvan donde pertenecen.

Camila.

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