miércoles, 15 de diciembre de 2010

Esbozando una sonrisa de esas que se entregan por cortesía observé el reloj, creo que es hora de irme, te dije
y sin despedirme di media vuelta.
No soy de la clase de personas que lloran (en público), y mucho menos frente a tí. Por eso mismo puse en práctica, lo que tanto tiempo había esperado utilizar, en tu contra, mi arma secreta. . mi cara de poker.
Lloré ogulloza de mi cobardía, aunque no duro mucho.
Tomaste mi brazo, no logré engañarte como predije.
Me mirabas con esos ojos, como si te derritieras, y no dijiste nada. . no había nada que decir.
Temblaba, no quería estar ahí. . la vergüenza palpitaba en mis mejillas y mis manos sudorosas no te quitaban los ojos de en sima.
Sonreíste.
Y me vi obligada a hundirme en tu perdón, hidratar tu camisa, cerrar los ojos y escuchar la melodía que tapizaba nuestra escena, amor. . maldito escurridizo.


camila

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