miércoles, 6 de octubre de 2010

Dejaste tu perfume sobre el pomo de nuestra puerta, que justo ahí paso a ser solo mía.
Puedo jurar que sigue el eco del portazo en mis oídos, y tus pasos entre mis manos inútiles
que no pudieron detenerte.
No supe que decir, tu vestido floreado se marchitaba frente a mis ojos, tu te hacías agua,
gotitas de sal.
Siempre con tu sonrisa contornada de rojo, esos labios de pétalo. Tus manos de mármol
que encontraban su lugar entre mis cabellos y tus ojos, cómo lograr olvidarlos digo yo,
ese azul inundado de estrellas, con la luna entre tu ombligo y las horas en tus tacones.
Pero de qué sirve, me intoxicaba tu ausencia y aquel departamento me absorbía, ese
amarillo encarcelaba mi mente, ese color que tanto te gustaba, solías decir que te alegraba,
te recordaba a mi, en el tiempo que me nombrabas tu sol, cuando ahora tan solo soy
aquel hombre de verde, el chisme popular entre tus amigas, aquel pasado tan dulce
como salado.


camilaysuimaginación.

No hay comentarios:

Publicar un comentario