lunes, 16 de agosto de 2010

nos perdimos tras su cortina de tonos pastel, no dejamos que nadie nos volviera a ver
ahora nos encontramos, en ningún sitio del mundo, y me callas con aquel abrazo inoportuno.
Yo caía, sin detenerme, aterrizando justo de frente.
Su perfume inundaba mis oídos, intoxicando lo que encontrara en su camino.
Porque su cuello se derretía al igual que mis pupilas, perdíamos poco a poco nuestra defectuosa sabiduría.
Y ahora tú, rosas mis mejillas y sin darte cuenta tus palabras me asfixian ,
mis pulmones se detienen, ya no responden más, mi corazón no para, es una estrella fugaz
Contaba los colores de tus ojos infinitos, perderme en ellos ya estaba permitido.
Pero después de todo esto, tocaba volver, al lugar donde el destino nos dejo caer.
Tomábamos café para saciar el stress, de tenernos a centímetros sin rozarnos la piel.

Camila. . *

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