sábado, 28 de agosto de 2010

Le especifiqué con todo detalle posible la
locación de nuestro encuentro, aquel café
donde había una vista privilegiada al infinito
donde se podía navegar, sin cargo adicional
sobre los pensamientos reflejados en
tu tasa de café. Sentada junto a la ventana
lo esperé, no me serví nada.. prefería esperar
ansiosa. Recordé lucir su camisa, la que
hace algunos meses había hurtado descara-
damente de su armario.. pensándolo bien
siempre lo supo, me llenaba de comentarios
como "te quedaría mejor que a mi" y sus derivados.
Desde aquel asiento podía visualizar
sin mayor esfuerzo el sol, apoyada
de mis lentes, claro, se veía amarillo,
de ese amarillo que resplandece y te hace
achinar los ojos, ese amarillo que te
entrega el calor necesario para sonreír
y sentirte plena. Pasaron 23 pájaros,
5 al parecer enamorados, volaban a
su ritmo esquivando torpemente las ventanas
de los rascacielos dejando atónito a todo
aquel que estuviera frente a ellas, entre
esos ojos, los mios. Me sorprendía de mi
misma al ver cada cosa, al sentir tan
intensamente cada molécula, al ser tan
sensible como para estremecerme repentinamente
al notar tu presencia a unos 20 pasos de mi.
Tus pies nerviosos mojaron mis manos,
y molesta de mis raras reacciones cerré los
ojos. Sentí un leve toque en mi hombro
izquierdo, que quedaba vigilando el pasillo
y volteé la cabeza para verte. Besaste
mis besos tan delicadamente y ya era oficial
era uno más de esos pájaros enamorados
me sentí en tu cielo haciendo espectáculos
ridículos a ventanas de oficina. Al notar
que estaba perdida en mis pensamientos
sonreíste y me invitaste un café, acepté
con cordialidad y dejé este mundo fugaz.-


Camila . . *

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